Armando Caicedo nos invita a delinquir

Este escritor es un mago de la palabra que nos obliga a obedecerle ciegamente

0
255

Desde hace 17 años, Armando Caicedo nos sorprende con sus columnas de sátira y humor y sus caricaturas políticas. Y digo «nos sorprende», porque primero nos enternece y divierte con su buen humor, pero en seguida nos golpea con sus verdades de a puño, para obligarnos a reflexionar.
Creanme, yo viví de cerca ese frenesí creativo de Caicedo desde que apareció «con su cara de yo sí fui» en las páginas de  El Tiempo Latino y luego en el sitio web de The Washington Post.
Caicedo es tímido como una ostra, e ingenuo como Sor Teresa de Calcuta, pero no  pasa desapercibido. Miles de sus columnas de humor y sátira, más sus caricaturas editoriales son el mejor testimonio. Así también son sus entretenidas novelas que han situado a este abanderado de la libertad de expresión en la élite de los narradores hispanos de Estados Unidos.
Ahora vuelve a incursionar con una obra literaria de gran aliento, su nueva novela «Concierto para delinquir», trabajo que viene precedido de reconocimientos internacionales, como haber sido la única obra con mención de honor en el Premio Internacional de Novela Kipus. Con esta obra bajo el brazo, Caicedo se ha paseado ante las cámaras de CNN, Univisión, y MegaTV con Jaime Bayly, para relatarnos lo bueno, lo malo y lo feo de ser novelista.
Con el pretexto de entrevistarlo y, de paso, disfrutar del ambiente literario de Miami, viajé al sur de la Florida.  Caicedo nos reveló cómo vive, crea y publica sus novelas.
Con esa cara de seriedad que él se acomoda sobre su rostro cuando hay que hablar de literatura, Caicedo me pidió que si lo íba a fusilar con mis preguntas, fuera contra el paredón de un tradicional café cubano, en la famosa «Calle Ocho» de Miami, pero que antes le otorgara —como última voluntad— el privilegio de  tomarse un «cortadito» con pastel de guayaba,  renovar sus votos de pobreza, castidad y desobediencia y confesarse.

Armando Caicedo es una de las voces más relevantes de la narrativa hispana de Estados Unidos.

—¿Por qué escribes?
—Porque todos cargamos una historia atorada, en ese espacio vacío que tenemos entre el cerebro, el corazón y el bajo vientre. Ahí es donde almacenamos la memoria. Lo importante es que la gente encuentre una razón para escribir, se anime, tome un lápiz, o abra el computador, y, de paso, abra también la llave que deja fluir sus sentimientos, para volcar sobre el papel en blanco lo que le dicta el corazón: sueños, experiencias y vivencias. Esa es la única forma de trascender, más allá del cementerio… porque lo que no se escribe… ¡Se pierde!

—¿Qué te inspira?
—Cualquier cosa. Si es para escribir humor, no hay mejor receta que pararse todas las madrugadas frente al espejo, desnudo, despeinado, medio despierto y con  ojeras de amanecido. Así cualquiera se inspira, porque el humor nace de nuestra capacidad de burlarnos de nosotros mismos.

—Para escribir humor esa técnica me suena a «transpiración», pero lo que en realidad me interesa es tu «inspiración» como creador de novelas.

—Si la idea es escribir una novela, no existe mejor fuente de inspiración que golpear en la puerta de nuestra memoria para que ella nos ayude a recordar una historia de amor, dolor y aventuras, bien retorcida, que alguna vez vivimos o padecimos.

—¿Ser exiliado es ser delincuente? ¿Por qué son los exiliados los protagonistas de la novela  «Concierto para delinquir»?

—Yo soy un exiliado colombiano que me propuse a escribir una novela sobre exiliados. En ese orden de ideas, el primer protagonista es un exiliado uruguayo. El segundo un exiliado español. El primer antagonista es un cura alemán y el otro antagonista un músico italiano… y toda la acción de la novela transcurre en París y en un Puerto en el Caribe. Como quien dice, la fórmula de esta novela es: Exilio al 99%.

—Pero al recorrer “Concierto para Delinquir” el lector queda con la sensación que es una novela muy sería donde el humor es el que pone las condiciones.

—Esta es una novela loca, pero necesaria. Dos exiliados que viven en París -uno uruguayo y el otro español- cansados de tantas leyes y normas, coinciden en desconocer toda forma de gobierno y deciden fundar su propia «República de la Utopía». Sobre una servilleta redactan la loca constitución de su nuevo país. Como no tienen tiempo para diseñar su bandera nacional, piden prestada -de manera provisional- la del Uruguay. Y como son sordos para la música e incapaces de componer su himno nacional,le piden prestado a un músico cubano, que también vive el exilio de París, la guaracha «Somos la raza pura». Para concluir la «ceremonia de fundación» , votan para elegir a sus gobernantes. Así, con el 100% de los votos escrutados, se declaran «Emperador Naúl 1 y Emperador José María 1, gobernantes de su propia República y caciques de los nuevos territorios por descubrir»… Algún día, estos dos vagabundos, que deambulan alegres por el mundo, aparecerán por accidente en la ciudad amurallada de Puerto Galeón, para incendiar de amor, poesía, música y filosofía, a los asombrados habitantes de ese puerto caribeño, tan alegre y divertido.

La novela recién publicada de Armando Caicedo.

—Caicedo, eres un excelente novelista. Pero eso no lo digo yo, lo dicen las crónicas y quienes te alaban en la prensa. ¿No temes que el uso del humor que hay en todas tus obras haga que algunos no te tomen en serio?

—No, porque el humor es de una seriedad hilarante y, además, suele ser subversivo. Obliga a la gente a sonreír y después a reflexionar. En lo que me  corresponde, yo era un niño serio, hasta que me desplomé en una oportunidad de la cuna. Ese golpe me debió descuadrar «no sé qué neurona en el cerebro». Ahora sospecho que esa neurona magullada es la que me dicta los texto de sátira.

—¿Dónde se consigue «Concierto para delinquir»?
—En todas las librerías on-line, Amazon, Barnes and Noble, Books and Books, Altamira Libros. Pero si un lector la quiere con dedicatoria, autógrafo del autor y hasta su huella dactilar, la ordena a www.PalabraLibre.com

—¿Qué consejo le das a las personas que quieren convertirse en escritores?
—Que vivan intensamente, sean súper curiosos, se animen a escribir y lean, lean y lean, desde «El Quijote» y «Cien Años de Soledad»… hasta «Concierto para delinquir».