Este documental es la historia de un crimen, un drama humano y un alegato contra la destrucción del medio ambiente

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La Sierra de Bahoruco es un parque natural de República Dominicana conocido por su riqueza medioambiental. A Jake Kheel le interesaba la zona por ser fronteriza, por su pobreza y por ser una zona que ha sufrido una enorme degradación de bosques y suelos. Lo que no sabía Kheel es que cuando decidió hacer la tesis de su maestría con un trabajo en esta región entre República Dominicana y Haití se embarcaba en algo más que en un proyecto académico para la Universidad de Cornell. El documental para su máster en Gestión Medioambiental le introdujo en el drama humano que acompaña a la deforestación y a la destrucción de recursos naturales.

“Muerte or Mil cortes” es uno de los documentales que se pudieron ver en el festival de cine medioambiental de Washington.

Kheel sabía que en el lado dominicano de esta region existen “ríos, bosques y suelos con mayor productividad mientras que la zona de Haití se ha deforestado dramáticamente”. Y quería saber más. Le contó el proyecto a un amigo, Ben Selkow, y éste se convirtió en el productor. Recaudaron fondos y “entendimos desde el inicio que necesitaríamos un equipo que hablase español, nos encontramos con Human Pictures con experiencia en temas sociales, creamos una alianza con mi co-director, Juan Mejía, y en 2012 empezamos”.

El documental “Muerte por mil cortes” explora el tráfico ilegal de carbón entre República Dominicana y Haití.

Y el comienzo fue brutal.

“Cuando comenzamos a filmar supimos de un asesinato en la frontera”, dijo Kheel. Un guardabosques dominicano había sido brutalmente asesinado al intentar arrestar a un trabajador haitiano que se dedicaba al comercio ilegal del carbón.

Jake Kheel es el co-director y productor del documental “Muerte por mil cortes” sobre el tráfico ilegal del carbón entre República Dominicana y Haití y los problemas medioambientales en esa región fronteriza.

La Sierra de Bahoruco y de los alrededores del Lago Enriquillo sufren talas ilegales y la explotación clandestina del carbón. Y el documetal de Kheel, “Muerte por mil cortes”, muestra el proceso de producción del carbón de la discordia: el corte de los árboles, la construcción de hornos, el empaquetado, las rutas irregulares y la comercialización en suelo haitiano.

 

Pero mientras filmaban el tema del carbón y su impacto social y medioambiental en la región, el equipo de producción no pudo evitar prestarle atención al crimen del que todos hablaban.

“El haitiano que asesinó al guardabosques dominicano regresó a Haití y allí no le pasó nada”, explicó Kheel. “Seguimos la tragedia, conocimos a la familia de Melaneo. El guardabosques estaba casado con una mujer haitiana y tenía tres hijos. Es una historia fronteriza que refleja la complejidad de la convivencia. No se trata de un simple enfrentamiento entre dominicanos y haitianos”.

El director del documental “Muerte por mil cortes”, Jake Kheel (derecha) habló con el director periodístico de la Oficina de Washington de la NAHP, Alberto Avendaño.

En esta frontera devastada por la pobreza, existe la convivencia y hay poderosos lazos emocionales y familiares, y Kheel apuntó que “incluso en el tráfico illegal del carbón hacia Haití encontramos que los dominicanos controlan gran parte de ese tráfico”.

Kheel y el equipo que filmó el documental comprobó de inmediato una dura realidad: les rodeaba un abrumador círculo vicioso en el que los pobres se hacían más pobres mientras el bosque a su alrededor iba desapareciendo por “muerte por mil cortes” para beneficio de unos pocos.

Hay rumores de que esta situación está beneficiando a estamentos militares dominicanos, pero Kheel aseguró que su película no entra ni puede probar esas alegaciones. Ahora bien, comenta el cineasta, “tiene que existir algún tipo de complicidad” porque la producción se hace de noche y el tráfico tiene lugar por rutas que, aunque clandestinas, están en una región relativamente pequeña y con vigilancia.

¿Pero cómo es posible ganarle dinero a una producción como ésta? Kheel explica que el carbón no tiene costo porque se roba de bosques públicos, por tanto estamos ante una materia prima que nadie paga y una mano de obra explotada que recibe muy poco en compensación. Es obvio que hay que pagar también a los transportistas pero el consume de este carbon en Haití es imparable. El 90 por ciento de los haitianos dependen del carbón vegetal para cocinar. O sea, todo lo que se produce tiene salida. Mientras que en República Dominicana se controla la deforestación desde los años 80, se subsidia el gas y se militariza el control de los bosques, el lado haitiano está sumido en una pobreza endémica. Pero la película hace sonar las alarmas en la mayor reserva de biodiversidad dominicana ya que en la Sierra de Bahoruco se concentran más de 40 especies de aves en peligro de extinción que sufren porque en los últimos cinco años los árboles han ido desapareciendo producto de la actividad ilegal.

“Viajamos en camiones, motocicletas, barcos motorizados, veleros improvisados y por helicóptero, siguiendo la ruta del carbón y descubriendo qué impulsa lo que se ha convertido en una industria muy importante y lucrativa, pero destructiva”, contó Kheel y explicó por qué su equipo decidió incorporar a la narrativa del documental, la tragedia del asesinato del guardabosques Eligio Eloy Vargas (Melaneo).

“Queríamos saber por qué sucedió, las consecuencias, y nos encontramos que mientras estábamos investigando tuvo lugar otro asesinato por venganza, fue un degüello espantoso”, dijo Kheel. “Estuvimos con la esposa de Malaneo, Calina, y vivimos la difícil situación familiar porque el asesinato se asocia con la hostilidad hacia los haitianos, con la sensación de injusticia… la policía se desentiende porque no quiere entrar en Haití”.

“Muerte por mil cortes” es más que un documental con tema medioambiental, se trata de una radiografía social y humana con altas dósis de denuncia. Se apunta a la negligencia de las autoridades ante el ataque que sufre todo un parque natural hasta el punto de que la aparición de esta película coincidió —y tal vez provocó—el cambio del ministro de Medioambiente dominicano.

Este es el mensaje del director Kheel: “A nivel global, la muerte por mil cortes, es un mensaje ambiental de que el bosque desaparece en pequeños pedazos y no nos damos cuenta… ocurre en la Sierra de Bahoruco, en el Amazonas, en los arrecifes de coral en la pesca… contamos además un drama fronterizo: un lado dominicano más próspero, un lado haitiano limitado y empobrecido… Muchos conflictos modernos surgen por la crisis de recursos. Incluso la Guerra en Siria ha sido explicada en base al conflicto sobre recursos como el agua… Nuestro documental dominicano aspira a crear conciencia”.

 

Jake Kheel es vicepresidente de la Fundación del Grupo Puntacana en la República Dominicana. Ha ganado varios premios en sostenibilidad, incluyendo el “Leader in Sustainable Tourism” de The National Geographic Traveler. Tiene un máster en Gestión Medioambiental de la Universidad de Cornell y un título en Literatura Española y Latinoamericana de la Universidad de Wesleyan. Su documental “Muerte por mil cortes” ha ganado el primer premio del Festival de cine de Seattle y se acaba de presentar durante el Festival de Cine Medioambiental de Washington, DC. Kheel asegura que quiere seguir con su misión ambientalista utilizando la herramienta audiovisual.