Así explica el tenor Israel Lozano su pasión por la ópera

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En una conversación con el tenor español Israel Lozano las palabras se decantan con artística humildad para dejar un poso humano en el que brilla la devoción y el respeto por sus maestros así como la entrega a su trabajo artístico.

Para un joven tenor, de sólida formación — Escuela Superior de Canto y Escuela Reina Sofia de Música de Madrid, y un G.P.D. en Opera en el prestigioso Peabody Conservatory de Johns Hopkins University en Baltimore— y ya galardonado, a uno le sorprende el peso que Lozano pone a cada palabra. “Me cambió la vida” es una frase que repite para enfatizar la fascinación y el asombro íntimo que le producen sus éxitos y “el honor” de compartir con alguno de los grandes de la ópera.

“Es que empecé cantando en los karaokes canciones de Nino Bavo y luego me marcó el concierto de los tres tenores en las termas de Caracalla que fue toda una inspiración para mi generación”, dice Lozano.

El famoso concierto de 1990 en Caracalla, Roma, lo protagonizaron tres de los grandes tenores de todos los tiempos, Plácido Domingo, José Carreras y Luciano Pavarotti.

“Lo que me cambió la vida fue conocer al maestro Alfredo Kraus que me adoptó para estudiar en la Escuela Reina Sofía” de Madrid. Kraus, un tenor lírico español venerado internacionalmente por su intensidad artística, fallece en 1999 y Lozano siente “la necesidad de volar”.

“Mi admiración por Plácido Domingo me trajo a Washington donde me vine a la aventura”, cuenta y explica que la incertidumbre de “la aventura” fue mitigada gracias al apoyo de la familia Micheli propietarios del restaurante italiano Portofino en Arlington, Virginia. Los Micheli, con raíces en Liguria y Toscana, fueron el primer apoyo italiano del joven tenor. El abrazo español le llegó a Lozano por medio del Grupo Lezama y el restaurante de Wasington DC, Taberna del Alabardero, que en 1999 le abrió las puertas para que el tenor ofreciera un concierto de zarzuela.

Lozano destaca tres puntos clave en su carrera, y los tres tienen que ver con su admiración por tres de sus maestros.

ISRAEL LOZANO

“Primero debo destacar a mi maestra cubana Emelina López que me adoptó y me enseñó a volar, luego el gran Alfredo Kraus y, sin duda, decidirme a venir a Estados Unidos, conocer a Plácido Domingo y debutar y cantar en la Washington National Opera”, narra Lozano y asegura que cuando hizo la zarzuela Luisa Fernanda en 2003 con la Washington National Opera (WNO) “toqué el cielo y cambió mi vida”. Y sintió que su vida cambiaba otra vez cuando en 2004, al graduarse del “Young Artist Program” de la WNO dirigido por Domingo, recibe tres premios en el Concurso Operalia. Eso le convirtió en un embajador de las nuevas generaciones que es lo que palpita en Operalia.

¿Más cambios en la vida de Lozano? “La Boheme ha cambiado mi vida desde que empecé a cantarla haciendo el papel de Rodolfo con la ópera de Los Angeles y el papel de Mario Roppolo de la ópera Il Postino de Daniel Catán que tuve la fortuna de cantarla en Viena con Plácido Domingo interpretando a Neruda, y La Traviata en la que cantaba Kraus y trabajar con el maestro Gustavo Udamel el director artístico de la Filarmónica de Los Angeles…” Y ahora está inmerso en un proyecto cinematográfico con La Boheme “que va a ser una gran sorpresa”.

El tenor Israel Lozano atesora el respeto por los maestros que tocan su vida, cultiva la pasión por la ópera, se siente embajador de su arte y mantiene una luz de asombro constante por su devenir artístico.